ARTÍCULO

“Mechanical Turk”

El autor utiliza la historia de “Mechanical Turk”, un ingenio mecánico del siglo XVIII y, también, el modo en que Amazon ha denominado su plataforma encargada de casar la oferta y demanda de microtareas  audiovisuales, para reflexionar sobre la conexión entre la Inteligencia Artificial y el trabajo precarizado.  Le sirve también como reseña del libro  ¿UNA EMPRESA DE TODOS?,  la ultima iniciativa de la Plataforma por la Democracia Económica Por Bruno Estrada

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Jeff Bezos lanzó a finales de 2005 una plataforma de mercado digital dentro de los Web Services de Amazon llamada “Mechanical Turk”, el autómata turco en castellano.

Ese nombre corresponde a un ingenio mecánico, el Turco, diseñado a finales del siglo XVIII por el húngaro Wolfgang von Kempelen que consistía en un robot que jugaba al ajedrez con humanos, y lo hacía tan bien que ganó la mayor parte de sus partidas, incluso contra los mejores ajedrecistas de imperio austrohúngaro. Tras la muerte de su constructor el  autómata llegó a manos de otro mecánico e inventor de la corte vienesa, Johann Maezel, que viajó con el autómata por Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Cuba, obteniendo innumerables victorias y un gran reconocimiento.

“El Turco” era un aparato que tenía la forma de una estructura de madera de 1,20 mts x 60 cms x 90 cms, y en un lado del tablero había un maniquí con forma humana vestido con túnica y turbante que movía sus piezas.

Tanto von Kempelen como Maezel nunca desvelaron el secreto del autómata que no era otro que dentro había una persona. Un complicado juego de palancas, poleas y espejos hacía imposible que se viera al ajedrecista humano cuando los dueños del Turco mostraban su interior a los atónitos jugadores o espectadores.

La realidad es que no había una tecnología fascinante que superara a la humana sino un mero “trabajador del ajedrez” que tenía unas condiciones de trabajo un tanto “estrechas”, sobre su salario nunca ha podido obtenerse información. Parece ser que pasaron por ese diminuto cubículo más de quince jugadores.

El “Mechanical Turk” de Amazon es una plataforma que pone en contacto oferta y demanda de microtareas como clasificar imágenes, copiar manualmente precios y productos de facturas, resolver captchas o visualizar vídeos, que se pagan a un bajísimo precio unitario - unos pocos céntimos por unidad – que vienen a suponer un salario de entre uno y cinco dólares por hora para los trabajadores on-line que los realizan, por debajo del salario mínimo de la mayoría de los países occidentales. Estos trabajos, a pesar de lo mal pagados que están, requieren un cierto nivel de inteligencia humana que una máquina no puede hacer o que sería muy caro o complicado programar. Por eso que Bezos haya llamado a esa plataforma “Mechanical Turk” es un irónico, o cínico, reconocimiento de que muchas veces detrás de la Inteligencia Artificial está el trabajo humano mal pagado.

Esta economía de plataformas que ya ocupa a millones de “trabajadores del click”, que anónimamente hacen viables muchos de los algoritmos y aplicaciones que nos rodean, es diseccionada por Gemma Galdon y Héctor Ortega en el capítulo “Abrir la caja negra. Digitalización y participación en el trabajo” que han escrito para el libro “¿Una empresa de todos?” de la Plataforma por la Democracia Económica. En él nos ofrecen una sugerente perspectiva sobre las principales inquietudes que suscitan las nuevas herramientas tecnológicas en el mundo del trabajo, en particular en relación con las dinámicas de participación en la empresa ya que como ellos enfatizan: “en un contexto de desigualdad material, la tecnología acabará siempre beneficiando al que ostenta el poder”.

En conjunto este libro es muy recomendable ya que un amplio plantel de profesionales de diferentes campos - la economía, el derecho, el sindicalismo y la política – nos ofrece exhaustivos análisis sobre una de las principales asignaturas pendientes de nuestra democracia, esto es, el desarrollo legislativo de la participación de las trabajadoras y trabajadores en el gobierno de las empresas, cuestión recogida en el artículo 129 de nuestra Constitución y pieza esencial del anhelado cambio de modelo productivo.

 

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